
Podría comenzar a escribir que puede ser envidiable el llegar a la posición en la que una persona ha llegado, es decir, cuando empiezas a experimentar esa plenitud, cuando ya has tomado las decisiones suficientes por ti mismo o misma según sea el caso, decisiones importantes y decisiones vanales… decisiones tan importantes como: que carrera elegir para hacer mi futuro más prospero, elegir cuál coche será mejor, elegir si besas a esa persona o no… y bueno, decisiones tan vanales como: los tenis cafés o los blancos, tacos de papa o comida en casa, la comedia romántica o el churro hollywodense del que todo mundo está hablando ahora…
Es enorme poder llegar a esa plenitud en donde desarrollas una conexión con una persona que no has experimentado jamás con alguien más, en donde, te percatas que, esa persona, es LA persona.
La persona con la que todas las decisiones que antes parecieron vanales, parecerán ahora de vital importancia, en donde, comprobarás que decidir entre tacos y pizza no ocurrirá sólo dentro de tu cabeza, tal vez a la otra persona no le guste el queso, tal vez sea intolerante a la lactosa, o tal vez simplemente tenga una “onda” contra los italianos.
El punto es, que, si una vida que hasta ahora se trataba de decisiones, cuando la compartes con alguien más los-siete-días-de-la-semana-las-venticuatro-horas-del-día, entonces es cuando esa toma de decisiones se torna aún mejor…
Cuando te das cuenta que has encontrado a la persona a la que le entregaras todas tus noches y todos tus secretos, todo tu tiempo y todo tu respeto, todos los días de cólicos y todo el mal humor, toda tu convicción y no la costumbre, todos tus domingos y todos tus veintidós de Julios, la persona que cambiará los pañales sucios y cambio de un beso tuyo, la que te detestará cuando te lo hayas ganado y sin embargo jugará a ser cucharita por las noches, y sí, la persona que algún día, se animará, con mucho miedo ante tu vanidad, de decirte que… tienes una cana justo atrás de la oreja izquierda.
Supongo que no es una decisión cualquiera, o bueno también supongo que las mejores decisiones son las que se toman así nomás… Y justo así nomás, podrías prometer ante Él, que sí, “aceptas”.
Y resulta que te quedas con la persona hasta que compartan sus nietos.